|
Intentar una prognosis -conocimiento anticipado de sucesos futuros- en el campo de la
tecnología es una difícil empresa intelectual cuya probabilidad de error es muy alta. La
historia de lo acontecido en la tecnología durante el siglo XX muestra lo imposible que
hubiera sido a fines del siglo XIX vaticinar el porvenir.
En efecto, cuando en el año 1897 el físico inglés J. J. Thomson dio a conocer el
descubrimiento del electrón en el laboratorio Cavendish, de Cambridge, nadie pudo
imaginar la prodigiosa evolución que se produciría durante los cien años siguientes.
Ese descubrimiento, aunado a las leyes del electromagnetismo enunciadas por J. C. Maxwell
en 1873, constituyó el punto de partida de una nueva y revolucionaria tecnología: la
electrónica. Hitos sobresalientes de la revolución electrónica fueron, a principios de
siglo, la invención de las lámparas o válvulas termoiónicas de vacío por
J. A. Flemming y Lee De Forest, y después de la Segunda Guerra Mundial, la invención del
transistor por J. Bardeen, W. Brattain y W. Schockley y del circuito integrado o chip por
R. Noyce y J. Kilby.
Todas esas invenciones resultaron claves para el acelerado y casi milagroso desarrollo de
las telecomunicaciones, la radiotelefonía, la televisión, el radar y las computadoras
electrónicas. Y a partir del chip la electrónica se transformó en microelectrónica, y
con la invención del microprocesador y la fibra óptica, en la década del 70, se dispara
la alta tecnología y aparecen las computadoras personales, la ubicua electrónica
industrial y de consumo, las redes de computadoras e Internet.
Es evidente que esta formidable evolución era impensable a fines del siglo XIX. ¿Podrá
producirse una revolución tecnológica de similar magnitud en los próximos cien años?
Los datos e indicios disponibles sugieren una contestación afirmativa. Una segunda
pregunta es: ¿cuáles son las probables líneas de desarrollo de la tecnología del siglo
XXI?
Algunos anticipos
En ciertas áreas, la evolución en las próximas décadas parece bastante previsible. En
materia de microprocesadores -plaquitas de silicio que contienen en la actualidad
alrededor de seis millones de transistores- aumentará considerablemente la cantidad de
transistores integrados y serán más rápidos y menos costosos. De ello resultarán
computadoras significativamente más poderosas, con entrada y salida oral, y capacidad
para soportar avanzados sistemas de inteligencia artificial, simulación de procesos
complejos y realidad virtual.
En materia de telecomunicaciones, las tecnologías del siglo XXI emplearán sistemas
basados en flotas de satélites, fibras ópticas y redes terrestres inalámbricas, cuyo
conjunto conformará una densa red mundial de transmisión de voz, datos e imágenes de
altísima capacidad y confiabilidad.
por otra parte, las fibras ópticas integradas en los futuros dispositivos de
procesamiento de señales de luz coherente (láser) harán realidad los circuitos
enteramente ópticos. Con ellos se obtendrán gigantescas capacidades de transmisión y
procesamiento de la información.
La hora de la biología
Una consideración especial merece el capitulo de la biotecnología. Aunque ya iniciada y
activa en el presente siglo, numerosos científicos y prospectivistas sostiene que el
siglo XXI será de la biología. De la comprensión de los fenómenos biológicos y los
mecanismos genéticos se pasará a una extensa aplicación de esos conocimientos en la
medicina, la industria y las actividades agropecuarias.
En medicina se espera que la ingeniería genética produzca innumerables innovaciones
-bacterias, vacunas, hormonas- aptas para el tratamiento o la prevención de numerosas
enfermedades. Además, se cifran enormes esperanzas en el desarrollo de tecnologías para
la regeneración de partes dañadas o enfermas del cuerpo humano. La
denominadaingeniería de los tejidos hará posible la regeneración o el
desarrollo en laboratorio de huesos, piel, cartílagos y órganos tales como el páncreas
o el hígado.
Nanotecnología
Finalmente, existe un área en la cual los pronósticos no son tan firmes, aunque los
indicios disponibles permiten esperar un nuevo vuelco copernicano. El área ha sido
denominada nanotecnología e incluirá una extensa gama de maravillas
ultraminiaturizadas llamadas sistemas microelectromecánicos, tales como
sensores, motores, bombas y mecanismos varios. En efecto, son dispositivos verdaderamente
liliputienses cuyos tamaños del orden de las dimensiones de las moléculas se miden en
nanómetros, es decir, en millonésimas de milímetro. Se estima que las aplicaciones de
la nanotecnología tendrán consecuencias revolucionarias en la medicina, el control de
los procesos industriales, la detección de fallas en aviones y estructuras diversas, y la
lucha contra la contaminación ambiental.
¿Como serán construidos los nanomecanismos y las nanomáquinas? La respuesta a este
interrogante encierra un principio absolutamente nuevo en la tecnología: el automontaje.
Este concepto implica que los átomos y las moléculas se organizan por si mismo en
unidades ordenadas y funcionales, sin intervención humana. Se trata del método empleado
por la propia naturaleza cuando, por ejemplo, produce el crecimiento de los materiales
cristalinos, o cuando las moléculas operan como máquinas programadas para establecer,
suprimir o modificar vínculos entre otras moléculas.
En el caso de las enzimas y proteínas construidas por cientos o miles de tomos, ya
se han descubierto muchas formas de operar de la maquinaria moléculas. Los químicos y
los biólogos moleculares diseñarán y pondrán en marcha los procesos, luego obrará la
naturaleza en función de los propios programas internos. Un ejemplo ya realizado en
laboratorio es la creación de nanotubos de carbono, mas fuertes que el acero, que han
permitido construir un transistor experimental molecular con una dimensión del orden de
unos pocos átomos. Varios laboratorios universitarios y de empresas industriales trabajan
en la actualidad en las investigaciones básicas de la nanotecnología y se estima que en.
las primeras décadas del siglo XXI habrá resultados importantes.
El amplio panorama, aunque incompleto, muy apretadamente resumido sobre las probables
líneas de evolución de la tecnología en el próximo siglo muestra un formidable
potencial de transformación. Todos los aspectos de la convivencia humana en lo
económico, lo social y lo político serán dramáticamente modificados. Las expectativas
en cuanto a bienestar y salud son muy positivas, si bien es probable que algunas
transacciones resulten traumáticas.
(c) La Nación
El autor es miembro de la Academia Nacional de Ingeniería.
Por Eitel H. Lauría para el diario La Nación.
|