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El voto inglés a cambio del cierre de la mitad de las bases argentinas
en la Antártida. Ese habría sido el acuerdo secreto entre Londres y
Buenos Aires para que el Reino Unido después de negarse durante 9
años- acepte que la primera secretaría permanente del Tratado
Antártico funcione en la Argentina. En la última década, el argumento
de la diplomacia británica para fundamentar su oposición a la
candidatura argentina fue siempre el mismo: la "excesiva"
presencia de militares argentinos en la Antártida. Y hace apenas un
mes; en la última reunión de los 27 países que integran el Tratado,
que se celebró en San Petersburgo, mágicamente, todo cambió.
El canciller Adalberto Rodríguez Giavarini celebró la decisión como "un
triunfo diplomático para la Argentina". Desde su ministerio
niegan vinculación entre ese hecho y la reducción de bases, sin dejar
espacio siquiera para plantear un debate sobre los posibles costos y
beneficios en términos diplomáticos: reducir presencia a cambio de ser
sede del Tratado Antártico.
El pacto secreto con Londres fue admitido extraoficialmente a Clarín
por diplomáticos británicos y una alta fuente del Ejército, que sí
señaló abiertamente su "disgusto" por la reciente
directiva del Ministerio de Defensa de cerrar al menos tres de las seis
bases permanentes en el continente blanco.
Las sedes en peligro de extinción son las San Martín, Esperanza y
Orcadas (la más antigua), que pasaría a ser temporal, confiaron
fuentes militares y legislativas de Tierra del Fuego.
En Orcadas la Bandera argentina flameó por primera vez en 1904. La base
Esperanza es posterior: fundada en 1952, es el asentamiento humano más
importante de la Antártida. En medio de vientos que sobrepasan los 200
kilómetros por hora funciona allí desde 1978 una guardería, un
jardín de infantes y la primera escuela antártica. También hay una
capilla y una emisora de radio.
De las seis bases permanentes, quedarían en funcionamiento las bases
Marambio, Belgrano y Jubany. Existen otras siete, pero de actividad
temporaria, que no entran en esta discusión.
El Ministerio de Defensa no hizo, claro, ninguna consideración
diplomática. Las razones por las que solicita la reducción de las
bases en el fin del mundo son "estrictamente
presupuestarias".
"¿Ser sede del Tratado Antártico significa resignar el apoyo
a las actividades científicas, aduciendo restricciones de tipo
económico?", se preguntan, molestos, en el edificio Libertador por
estos días.
Mantener la base Marambio, Orcadas, Esperanza, San Martín, Belgrano y
Jubany cuesta 1.587.850 pesos anuales, según los registros oficiales.
Una cifra apenas menor se gasta en transporte (aproximadamente un
millón de pesos anuales), vital para quienes soportan los 20 grados
bajo cero promedio en esas latitudes.
La Fuerza Aérea dispuso la semana pasada que los vuelos mensuales a
Marambio, único contacto con el mundo de los científicos y militares
que viven allí, pasen desde ahora a ser bimensuales. Todo por el
ajuste en pos del déficit cero.
Lo cierto es que las directivas de Defensa tienen un resultado
inmediato: la parcial desmilitarización de la Antártida; tal como
pretendía el Reino Unido desde hace casi diez años.
En la Cancillería niegan esa relación de plano. Sin embargo, una nota
oficial (269/Ol) publicada por "El diario del Fin del Mundo" y
firmada por el director nacional de la Antártida del Palacio San
Martín, Rubén Patto, considera "inconveniente" que cuando se
produzcan los levantamientos de las bases se esgriman razones
presupuestarias, y sugiere que el lenguaje indicado sería sostener
"razones de reorganización de las actividades antárticas
nacionales".
Durante los años de gestión menemista, el ex canciller Guido Di
Tella intentó en vano conseguir el voto inglés para la sede.
Ofreció trasladar el manejo de las bases al área civil (de Presidencia
de la Nación) y hasta dispuso que se retiren los nombres militares del
continente blanco: la base Vicecomodoro Marambio pasó a ser Marambio, a
secas.
Las ofertas de Di Tella no prosperaron. Y recién ahora, el ajuste le
dio al Gobierno De la Rúa el argumento perfecto.
La suerte de las bases antárticas parece echada. Está previsto que,
esta semana, los jefes de las tres fuerzas mantengan una reunión para
analizar en forma definitiva cuáles desaparecerán del mapa del
continente blanco.
"¿Cómo fue que les dimos el voto para que sean sede del
Tratado?", repitió un diplomático inglés ante la pregunta de
este diario. "Sólo hay que revisar las nuevas disposiciones del
Ministerio de Defensa argentino a raíz del ajuste", respondió, y
destacó: "En medio de esos recortes está la respuesta."
EL PESO EL TRATADO ANTARTICO
El Gobierno considera como un triunfo diplomático que la Argentina
sea la sede del Tratado Antártico. Es la primera vez que se fija una
sede –que funcionará en Buenos Aires-, e implica un reconocimiento a
la actividad antártica argentina.
El tratado es el instrumento jurídico internacional del cual se deriva
el actual status de la Argentina. Fue firmado en Washington el 1º de
diciembre de 1959, y la Argentina se contó entre los 12 países
signatarios originales, junto a Australia, Bélgica, Chile, Estados
Unidos, Francia, Gran Bretaña, Japón, Noruega, Nueva Zelanda,
Sudáfrica y la Unión Soviética. El tratado establece la utilización
del continente sólo para fines pacíficos, prohibiendo las bases
militares y el ensayo de armas; y acentúa la libertad de investigación
científica y la cooperación internacional.
Las disposiciones no implican una renuncia a los derechos de
soberanía, pero congelan sus reclamos durante su vigencia. |