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The New York Times. Especial para
Clarín
El temor de que los Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países de habla
inglesa estén usando una enorme red de espionaje, satélites y
computadoras incluidos, para interceptar miles de millones de
comunicaciones telefónicas, e-mails y faxes por hora en Europa,
despertó ayer airadas reacciones a lo largo de todo el Viejo Continente,
aun después de que Washington y Londres negarán todo el asunto.
Lo cierto es que la red existe. Se llama Echelon. Es una telaraña de
estaciones de vigilancia e interceptación plantada a lo largo del
planeta, de la cual participan EE.UU., Gran Bretaña, Canadá, Australia y
Nueva Zelanda.
Diseñada durante la Guerra Fría por la Agencia de Seguridad Nacional de
EE.UU., la red puede filtrarse en millones de comunicaciones en busca de
palabras como "bomba" o "terrorismo".
Pero eso no es lo que Europa está denunciando sino más bien que la
Comunidad Económica Europea es vigilada por ese mecanismo en un espionaje
industrial que ya habría cobrado réditos.
La acusación la lanzó el Parlamento Europeo, que ayer difundió un
revelador informe periodístico que entre otras cosas denuncia que las
comunicaciones interceptadas por la red Echelon ayudó en dos ocasiones
a compañías estadounidenses a ganar ventaja sobre las europeas.
El informe asegura que Echelon puede "pinchar" fácilmente
"miles de millones de mensajes por hora", incluidas llamadas
telefónicas, faxes y e-mails privados.
A pesar del rechazo de los países involucrados, los parlamentarios
europeos llamaron a tomar acciones drásticas.
"Tenemos todas las razones para estar shoqueados por el hecho de que
esta forma de espionaje, que viene funcionando desde hace años, no
ha impulsado ninguna protesta oficial", se quejó Nicole Fonatine, el
actual presidente del Parlamento Europeo.
Washington y Londres tuvieron qué salir ayer a desmentir la idea de que
sus
países están usando información secreta para impulsar sus propias
economías.
"No, es la respuesta más corta", sentenció en Londres,
el mismo primer ministro británico, Tony Blair. "Estas cosas son
manejadas con reglas extremadamente estrictas y esas reglas siempre se van
a usar".
En Washington, el vocero del Departamento de Estado, James Rubin, aseguró
que "las agencias de inteligencia estadounidenses no tienen por
misión involucrarse en espionaje industrial o en obtener secretos
comerciales para beneficiar a una o muchas compañías norteamericanas. Si
bien no podemos hacer comentarios sobre el contenido del informe, podemos
decir que la NSA no está autorizada para proveer información de
inteligencia a empresas privadas".
Pero las explicaciones hicieron poco y nada para enfriar la furia europea,
especialmente la de Francia, donde la ministra de Justicia, Elisabeth
Guigou, dijo que las compañías francesas tienen que encriptar la
información sensible para evitar la detección del espionaje de EE.UU.
"Tenemos que ser lo más prudentes posible en la transmisión de
datos. Esos datos nunca pueden contener información vital, especialmente
cuando depende de la retransmisión satelital con conexiones
internacionales", dijo Guigou a la Asamblea Nacional (Parlamento), en
París.
Un abogado parisiense ya inició una demanda contra Gran Bretaña y
EE.UU., denunciando que Echelon robó a las industrias europeas algunos
de sus más valiosos secretos comerciales.
Legisladores de Italia, Alemania y Dinamarca están demandando una
investigación pública sobre la red espía. Y en EE.UU., sectores
privados ya lanzaron una demanda para que se entreguen los documentos
oficiales sobre Echelon.
El escándalo estalló con la decisión del Parlamento Europeo de difundir
el informe sobre Echelon que había sido elaborado hace 18 meses por el
periodista Duncan Campbell.
"Acá no estamos hablando de algo trivial... no podemos
detenerlos, van a seguir", aseguró Campbell, quien afirmó que
Echelon monitorea e intercepta comunicaciones comerciales sensibles
europeas. "Su nivel de uso está saliendo de control. La capacidad de
filtrarse en sistemas es enorme", advirtió el periodista, para
agregar que la mayoría de las comunicaciones de Internet pasa a
través de los Estados Unidos y por al menos nueve puntos de
intercepçión de la NSA.
"Echelon es una caja negra, y realmente no sabemos qué hay adentro.
No sabemos a quién apunta, por qué y para qué, ni qué sé está
haciendo con esa información", dijo Barry Steinhardt, de la American
Civil Liberties Union.
El velo de misterio en torno Echelon desvela a los mismos parlamentarios
de Estados Unidos como Bob Barr, representante republicano y ex miembro de
la CIA: "Las acusaciones de que el gobierno intercepta sin
discriminación algunos millones de conversaciones cotidianas por Internet
o por teléfono son serias. La primera pregunta es qué es lo que
Echelon está juntando, qué hace con eso", dijo Barr.
CLARIN viernes 25 de febrero de 2000
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