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Argentina: ¿bomba de
tiempo? |
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por ROBERT SAMUELSON columnista de "NEWSWEEK" |
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21 de abril de 2001 /NOTICIAS |
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El gran peligro de toda ralentización económica es que se alimenta a sí misma. Ya vemos signos de este fenómeno en los Estados Unidos. El debilitamiento del consumo y de las inversiones de las empresas perjudica los beneficios de las corporaciones, lo que hace que se tambalee la confianza y bajen los precios en el mercado de valores, y ello, a su vez, perjudica el consumo y las inversiones de las empresas. Se podría producir el mismo fenómeno a escala mundial. Cuando las cosas andan mal, las naciones que lograban salir del paso, a pesar de tener enormes problemas, descubren que ya no pueden enfrentar la situación. El potencial para una reacción en cadena es la razón por la cual lo que suceda en la Argentina importa. Podría provocar la próxima crisis financiera mundial. Desde fines de 1998, ese país ha soportado una obcecada recesión. El gobierno del presidente Fernando de la Rúa goza de poca popularidad. El economista Charles Calomiris, de Columbia University, pronostica que el gobierno cesará los pagos de su deuda de aproximadamente 140.000 millones de dólares, que es en su mayor parte en dólares y a acreedores extranjeros. En un clima económico más misericordioso, el cese de pagos podría seguir siendo un problema exclusivo entre la Argentina y sus acreedores (fondos de pensiones, compañías de seguros, bancos de inversiones, fondos mutuales). Se lo consideraría como un colapso aislado. Pero ese lujo ya no existe. La economía de los Estados Unidos está coqueteando con una recesión, el Japón está estancado en una paralización. El resultado es que un cese de pagos de la Argentina, al perjudicar el comercio y las inversiones a lo largo de toda América latina, podría agravar la crisis mundial. La Argentina ha obtenido gran cantidad de préstamos en los mercados de dinero internacionales. Representa alrededor de un 20 por ciento de los bonos de gobierno de "mercados emergentes", expresa la firma J.P. Morgan Securities. Ese porcentaje iguala al de Brasil y está por encima del de México ( 15 por ciento) y del de Rusia ( 10 por ciento). Un cese de pagos de la Argentina produciría amplias pérdidas que podrían disuadir a los acreedores de otorgar nuevos créditos, o podría elevar las tasas de interés, que ya alcanzan niveles estratosféricos. La mayor amenaza radicaría en una abrupta disminución de capital extranjero hacia América latina. Las principales economías latinoamericanas sufren ahora un considerable déficit de cuenta corriente. En términos generales, ello significa que los ingresos extranjeros provenientes de las exportaciones, el turismo y las inversiones no cubren el pago de sus importaciones y de los intereses de sus deudas. En el 2000, los déficits representaron un 4,2 por ciento del Producto Bruto Interno (o los ingresos nacionales) para Brasil y un 3,3 por ciento del PBI para la Argentina. Las brechas en general se cubren por medio de inversiones extranjeras en forma de préstamos, de compra de acciones locales o de inversiones directas (construcción de fábricas o compra de empresas locales). La disminución del flujo de capital hacia América latina podría restringir el comercio mundial, cuyo crecimiento, según proyecciones del Banco Mundial, caerá, en el 2001, en más de la mitad, comparado con el año anterior. Los países latinoamericanos necesitan de las inversiones extranjeras (en dólares, euros o yen) para pagar parte de Sus importaciones. unque no se produzca un cese de pagos, el flujo de capital hacia América latina podría caer, expresa la economista Carmen Reinhart de la Universidad de Maryland. Ese flujo ha consistido, en gran parte, en inversiones directas principalmente para comprar empresas privatizadas por los gobiernos latinoamericanos, y la disminución en los beneficios de las corporaciones hará que dichas inversiones se reduzcan. Un cese de pagos de la Argentina agravaría los daños. Para Calomiris, no se trata de "si", sino de "cuándo". El país, dice, no puede generar excedentes comerciales suficientemente grandes como para cubrir los intereses de su deuda externa, y aún menos pagar préstamos vencidos. En el 2000, el pago de los intereses alcanzó 12.000 millones de dólares. La Argentina ha evitado, hasta ahora, el cese de pagos obteniendo más préstamos. A fines del 2000, el FMI se avino a proporcionar un gran préstamo nuevo. En el mejor de los casos, ésa fue una manera de tapar agujeros. Calomiris piensa que las entidades que han proporcionado los créditos deberán rebajar las deudas de un 25 a un 30 por ciento. Por supuesto, podría estar equivocado. A fines de marzo, el presidente De la Rúa nombró a Domingo Cavallo como ministro de Economía. En la Argentina, Cavallo es una figura legendaria, por haber eliminado la inflación crónica del país al crear un "consejo de la moneda" en 1991. Desde su nombramiento, Cavallo ha persuadido al Congreso argentino para que apruebe un paquete de medidas fiscales y tarifarias que (promete) resucitarán la economía promoviendo inversiones y exportaciones. El plan está lleno de contradicciones pero quizá funcione. FoTos: AFP v Cenoc - [c) 2001, WpseiNcTon PosT Wrsrrees Geouv 131 |
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